ENSEÑAR LA HONRADEZ
• La honradez se enseña con la vida misma. Un padre de familia que es responsable con su trabajo, aunque nunca acumule fortuna, heredará a sus hijos una riqueza imponderable: su honradez.
• Una vida digna jamás ha hecho daño a nadie, una vida fundada en el engaño (riqueza mal habida) mina el respeto de los hijos a los padres, a quienes verán siempre como a personas deshonestas y sin autoridad moral.
• Una persona es honrada, cuando concilia las palabras con los hechos, pues es una condición fundamental, para las relaciones humanas, para la amistad y para la auténtica vida comunitaria. Desafío, Vivir en coherencia.
• La honradez es una herencia, es un regalo y una oportunidad. Ser honrado es dar presencia a los actos nobles y congruentes, es darle visibilidad a la práctica de una vida respetuosa frente al entorno, frente al otro.
• Los niños aprenden en el hogar los límites que impone la propiedad. Ellos saben que deben respetar los bienes de los hermanos, y a la vez, saben también que deben compartir esos bienes con el conjunto de la familia.
• La honradez lucha contra la pulsión del tener, la honradez aspira a soltar el encubrimiento, el secreto, la “oportunidad”… la honradez se funda en la trascendencia de imaginar calidad de vida para todos.
• Por último, la honradez es también un campo de aprendizaje, una oportunidad para buscar la calma y la coherencia en nuestros actos. Desde las heridas y los errores, también se puede acceder a la honradez.

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